Mi profesor de inglés me corrige

  

Mi profe  me corrige

Asistir a una clase de idiomas no es ya, o al menos no debería ser, sinónimo de pasar un rato entretenido con el consabido nativo que, sin mayor orden ni concierto, nos pregunta sobre nuestro fin de semana.
 
Mi profesor de inglés me corrige 

Si bien el  estudiante español, al menos sobre el papel, adolece de la falta de valentía necesaria para hablar un idioma extranjero (el tan estereotípico “miedo al ridículo” que tanto daño nos ha hecho) y busca, en muchos casos, una clase de conversación que le permita lanzarse y comunicarse de manera efectiva, termina, cuando la clase va simplemente de “eso”, de “hablar sin ton ni son”, cansándose y abandonando mientras entona el ya tristemente famoso “mi profesor es muy simpático pero no me corrige”.

Gente simpática dando clase hay mucha pero, al igual que cuando estamos enfermos acudimos más a un médico y menos a ese vecino de abajo que tiene un remedio casero infalible, a la hora de aprender un idioma habremos, si lo que queremos es amortizar nuestra inversión, de acudir a un profesional, léase con esto, profesor profesional y cualificado y esos, los profesionales, corrigen.

Corregir, y hacerlo bien es, sin lugar a dudas, muy difícil. Al hacerlo entran en juego un sin fin de factores que dependen desde de la tipología del alumno hasta la naturaleza de la actividad específica que estemos realizando en ese preciso momento.

Tipología del alumno: corregir es, está demostrado, necesario pero igual que  puede percibirse como herramienta para la mejora (si hablo mal agradezco que me corrijan porque me ayudará a hacerlo mejor), hay ocasiones en las que una corrección excesiva o a destiempo puede minar la confianza y provocar la desmotivación. El encontrar el equilibrio justo entre qué y cómo corregir es difícil e implica saber leer el perfil psicológico de los alumnos. Al mismo tiempo, el método de corrección que es efectivo para unos puede no serlo, ni de lejos, para otros.

Naturaleza de las actividades: aún siendo grandes fans de la corrección, antes de corregir y de decidir cómo hacerlo, conviene analizar la fase de la clase en la que nos encontramos. No es lo mismo corregir a un alumno cuando estamos inmersos en un ejercicio de práctica controlada y trabajando una estructura/aspecto específico (habremos entonces de centrarnos, principalmente, en corregir ese aspecto que particular y no tanto otros) que en una actividad pensada para favorecer confianza y fluidez. En estos casos, cuando lo que se busca es potenciar la habilidad comunicativa del alumno haciéndole sentirse cómodo utilizando el idioma de manera práctica, cortar el flujo de la conversación con correcciones a destiempo es, claramente, contraproducente.

En conclusión: sí a la corrección y sí a un profesorado cualificado que sabe qué, cuándo y cómo corregir.

 

 

 

 

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